Lo que le queda…

-Claro que me quiere, me quiere con todo su corazón, lo se, lo siento acá, amigo.
Y entonces, ¿por qué?, ¿no armarte de valor?, ya darle lo que les queda.
– No puedo amigo, yo seguí mi vida, me alejé de ella, me mentí, y me dije que no la sentía, que era sólo una buena amiga. Olvidé su color de cabello, olvidé sus piernas blancas al bailar, olvidé lo perfecta que era para no volverla a amar.
– Y ahora que sé, que pronto ya no estará entre los humanos, me desploma el corazón, amigo.
Le queda poco tiempo y solo quisiera atesorarla cerca mío todos los días y noches que le quedan, por si viene la muerte, ponérmele enfrente, que me lleve a mi, porque sin ella, yo no puedo vivir.
– Pero amigo mío todo nace y muere en este mundo, déjalo ser,
– por vivir así con tu pensamiento, es que hoy me mata la culpa de no haber luchado por ella, cuando aún era libre de dolor…
Soy culpable, de no darle una estrella, darle esas dos palabras que ella dijo y yo no supe o no pude repetir, quiero decirle que la amo y que siempre supe que ella era perfecta para mi, con sus virtudes y defectos ella era mi diosa, mi sueño eterno, mi perfecto amor.
– Le queda poco tiempo, sufrirás mucho cuando se marche.
– El tiempo que queda voy a disfrutarla y cuando se marche , quizás mi alma también, muera con ella…

2013-07-15

Siento que entro en tu habitación, que todo está a trasluz, pero sin embargo, la brisa que entra me trae el recuerdo del amor que nos tuvimos, ese amor que cuidamos, que nunca se hizo carne, pero que el deseo convirtió en sentimientos, ese amor que nació de palabras y mensajes cargados de vibración y energía, ahora nos llena el alma, y aunque estamos separados, a miles de kilómetros, estando aún vos en el mar, y yo en lo urbano, estando vos con tu familia, y yo con la mía. Qué no daría por un segundo de nuestras vidas, qué espero para correr a ese lugar donde sé que tengo que estar? Donde sé que el fuego no me va  a quemar,  donde ardiendo en mi lengua están los besos que aún no te supe dar, en mis piernas tiembla el sabor de extrañarte tantas veces, y no poseerte al fin. Mil fantasías  e ilusiones, con esmero me creo, pero ellas guardan una descarga emocional y vibratoria muy fuerte, lo sabes porque me lo dijiste, sentís cuando estoy allí. Dicen que uno está donde está el corazón, y el mío siempre late por vos. Será una realidad o lo estamos imaginando todo? De tanto soñar ya no sé cuál es la realidad en la tierra. Pero no me importa, porque me haces feliz, en todas las formas humanas, emocionales y espirituales que existan. Te envío un beso a través de la luna, te envío una estrella del cielo, para que te haga saber que aunque estoy lejos, mientras tu corazón me sienta nada nos podrá separar…

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¿Por qué amo a mi padre?

Hace ya 12  largos, muy largos años, mi madre me confesó, casi por error, casi por consecuencia, quién era mi verdadero padre, o bien, como dicen otros, padre “Biológico”. Yo tenía 17 años, una inocencia que perdí de golpe, y una tristeza inmensa después de recibir, de un cachetazo, tal noticia. No me asombraba, oía rumores, toda “la familia” Si se puede llamar familia, a una tanda de descendientes alemanes, rígidos, que no hablan de temas tabú, donde se ocultan las enfermedades y los problemas, y se los tapa como quien tapa un error ortográfico con Liquid Paper. pero yo no fuí un error. Fuí una hija buscada, con bastante intensidad, según mi madre, y luego la ratificación de mi padre. El problema más grave no era, que mi padre biológico fuera otro, el problema más grave era que mi padre fuera mi tío. Que él fuera hermano del padre de mis hermanas, y que estuviera casado con la hermana de mi mamá. Ese fue el “error”, esa fue la condena, y digo “error”, entre comillas, porque no me considero una cosa que no debía nacer, estoy, es más, orgullosa de quién soy, y amo profundamente a mi madre, y amo profundamente a mi padre. Sé que cometieron errores, sé que la gente los crucificó, sé que se equivocaron, muchas veces, en lo mismo, sé que son humanos, sé que la vida los castigó a ambos de una manera injusta, y quizás por eso, tomaron rumbos que no eran los más adecuados. Pero sí se algo que es cierto, y que lo veo en sus ojos: Lo suyo fue amor.

Recién hoy, 12 años después de conocer la verdad, puedo hablar libremente del tema, no porque me duela, no porque me asuste, no porque me avergüence, no… simplemente me mantenían en secreto para no lastimar a la gente, entonces me oculté, como en una película, fingí ser lo que no era, y sellé mis labios. Pero como todo, la verdad siempre sale a la luz, a veces, en los momentos menos pensados, y la verdad, el que se sepa me quitó una mochila de toneladas de la espalda. Y me siento más libre, más liviana, pero no más feliz. Se me acusa de haber nacido, se me prohíbe ver a mi padre, se me niega mi identidad, aunque todos la conozcan. Y duele. Duele pagar un precio , una condena , por un error que no cometí, por una falta que no hice, por una mentira que nunca dije. Siempre supe comprender y ponerme en el lugar de los otros, siempre supe lo difícil que era esto para los que componen la “gran familia”, pero creo que nadie se puso en mi lugar, nadie comprendió mi dolor, mi desorientación, mi necesidad de amor, mi derecho a tener un padre, mi derecho a abrazarlo, a decirle que lo amo, a llenarle la espalda de palmadas, a besarle los cachetes con mucho ruido.

¿Por qué amo a mi padre?
Porque es parte de mí, porque hubo un tiempo en el que el brillaba y era pura alegría, porque no me importa la cantidad de errores que haya cometido, no me importan sus equivocaciones, porque estoy enamorada de él, y nada de lo que haga va a cambiar eso. Me gustaría poder, algún día, tenerlo conmigo, minutos, horas, el resto de la vida, me gustaría que tengamos, un silencio tan nuestro, que diga todo, lo que no se puede decir.

Antes de saber la verdad, lloré muchos años a un padre, también ausente, pero de otro modo, llevado por el alcohol, a su suicidio, y con o sin errores, la realidad es que lo conocí muy poco, pocas memorias tengo de él, porque tenía 5 años cuando decidió irse.  Sin embargo lo lloraba, sin consuelo, porque mi corazón necesitaba a un papi, al cual amar.

Hoy amo a un papi, y cuando pienso en él soy de nuevo una niña de rizos dorados, que sólo quiere jugar y ser mimada, soy de nuevo la niña de rizos dorados, la que todos aman, pero nadie cuida.

Mi ángel

Silencio, un ángel duerme,
su cara guía mi mirada hacia la paz,
sus sueños, que lo hacen sonreír, de a ratos,
lo increíble es que, salió de mi cuerpo,
y que ahora, mi respiración depende de el.
Silencio, un ángel duerme,
y mientras sueña, mi mano vela,
por su felicidad, su salud, su futuro.
Un ángel duerme, mi ángel,
mi esperanza, mi dulce consuelo,
mi sonrisa matinal y mi lágrima feliz…
Silencio, un ángel duerme
el dueño de mi vida, mi alma y mi mente,
Silencio, que nada perturbe su sueño,
que siempre tenga en sus ojos ese descanso,
tan lleno de luz, colores y paz.

SANYO DIGITAL CAMERA

Valentino, mi hijo.

Mi hijo llegó al mundo el 12 de octubre de este año. Después de 20 horas de intenso trabajo de parto, de un dolor que jamás había pensado que pudiera mi cuerpo soportar, pero evidentemente lo que tantas veces escuché de muchas madres lo viví en carne propia: Cuando tu hijo sale de tu cuerpo y lo tomas entre tus brazos todo dolor desaparece, se te olvida, nada más existe que ese mágico momento donde se miran por primera vez, donde toma tu mano con fuerza, uniendote a él para siempre.

Mi hijo me enseña algo nuevo cada día, una responsabilidad enorme recae en mí para con el, pero nada es sacrificio porque el amor que le tengo hace que todo sea un eterno disfrute, incluso las pocas horas de sueño, el cansancio, lo demandante que puede ser… nada importa porque estas completamente inmersa en un mundo aparte donde sólo vos y tu hijo conviven.

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Hay Magia en tu sonrisa, hay milagros en tu mirar, hay un mundo de amor que me nace, que digo, no puedo más de amor! Me regalas tantas cosas sin querer, con tu palpitar, palpita mi corazón. Yo creía que ya conocía el límite de amar, pero vos me enseñaste que no hay fronteras entre tu alma y la mía.

Amo verte dormir, tus sueños perseguir, amo tu sonrisa, que me hace volar, amo tu pequeñez, tu inocencia y tu felicidad, cuando algo nuevo descubrís…

Amar infinitamente no lo conocí, hasta que llegaste a mi. No creía en cupido pero sos mi Valentino. Te amo con todo mi ser,
Mamá.
SANYO DIGITAL CAMERA

Leonardo

En la mitad de sexto grado, le pedí llorando a mi mamá que me cambiara de colegio. No era la primera vez que lo pedía. No tenía amigos, no me querían, se reían de mí, me sentía sola, discriminada, y hasta los profesores destilaban desprecio y maltrato, quería salir de ahí. Era un colegio de curas, súper exigente, frío, grande, demasiado grande  para mí. Por fin mi mamá me escuchó y me cambió a otro colegio, privado también pero mucho más sencillo, con gente más humilde, con más corazón, y con un aire que al entrar, uno creía que todos tenían corazón, que todos eran buenos, y que era bueno ser así, era bueno encontrarse con personas como uno mismo.

Cuando entré al curso, entré tímidamente pero FELIZ, estaba muy feliz, creo que fue uno de los primeros días felices de mi vida, llegaron tarde, pero llegaron. Una sonriente y amable maestra me esperaba para presentarme al curso, a mis nuevos compañeros. Era un grupo bastante unido, parecía, con muy pocos varones, y muchas mujeres, y rápidamente me senté. Se me acercaron muchas chicas y chicos a hablarme, y yo estaba totalmente sorprendida, me trataban como alguien “normal” , ya no era la chica que no escuchaba, ni la que no tenía papá, ni la que su hermana golpeaba, era una más, empezaba de nuevo, y yo amé esa sensación.

Muy pronto hice amigas, pasaba de un grupo en otro, y me llevaba muy bien con todos, no le hablaba a los varones casi, porque tenía una timidez que no dejaba a ninguno acercarse a mí. Pero era feliz, por primera vez en mi vida me sentía integrada, aceptada, querida, y eso, señores, para alguien como yo, no tenía precio.

Con los años me acostumbré a esa comodidad y deje de tener miedo, de auto-discriminarme, me solté, y respiré tranquila.

Leo era el chico más lindo de aula, me había gustado desde el primer día que lo conocí, el lo sabía, y se reía de eso, pero eramos chicos, ninguno se acercaba. Todas lo querían, era el Benjamín de la escuela. Me acuerdo que en séptimo para su cumple, que era un 26 de noviembre, estuve todo el día tomando sol, para que él me viera linda, y quizás, me robara el primer beso. Pero al llegar la noche, estaba totalmente insolada, volando de fiebre, roja como un tomate… se me fue la mano con el sol!, jajaja. Me sentía pésimo, no podía ni caminar, pero insistí, les dije a todos en casa que estaba bien, y que quería ir, como sea, al cumple de Leo y Silvi, su hermana melliza. A los 15 minutos de llegar al cumple me desmayé, y su mamá, muy amorosa, me recostó en la cama de una de sus hijas, y trató de bajarme la fiebre, mientras llamaban a casa para que me vayan a buscar. Yo lloraba, no de dolor, sino de frustración, porque me habia preparado para ese día, y no podía disfrutarlo. Cuando estaba acostada en esa cama, se acercó Leo, me miró sonriente, me acarició la mejilla, y me dijo “Vas a estar bien”. Ese fue el segundo feliz día de mi vida, con ese gestito mi corazón había explotado de amor, en mi inocencia y pureza, era lo más maravilloso que me podía haber pasado.

Recién en noveno, cuando teníamos 15, se animó y me dijo que yo le gustaba, pero lo rechacé, porque era chica, porque era tonta, por orgullosa, por haberle estado detrás tantos años y que él esperara a último momento, cuando yo dejé de mirarlo con esos ojitos brillantes, él vino a mi. Y yo ya había dado vuelta la hoja.

No lo volví a ver hasta dos años más tarde, de casualidad, cuando fuí a su casa, él se había cambiado de colegio en noveno, pero su hermana seguía cursando conmigo, y nos habíamos hecho muy amigas ese  último año de secundaria. Poco a poco nos vimos más frecuentemente, nos volvimos confidentes, vinieron algunos besos, mimos, y de repente ya venía a mi casa y yo iba a la suya. Me sentía muy cómoda con él, era una persona que sabía demostrar afecto, yo lo admiraba un montón, porque era súper inteligente, y siempre tenía la palabra justa para todo, la facilidad de hacerte sonreír, era muy sensible, y podía comprender a cualquier persona, en la situación en la que se encuentre. A pesar de que estábamos juntos, yo no me olvidaba de un ex, que había sido mi primer novio, y él no se olvidaba de su gran amor, una chica que iba con el a su instituto. Pero supongo que a pesar de eso , juntos nos apoyábamos, nos dabamos fuerza, y nos ayudábamos a olvidar.

Dos meses más tarde, una noche que vino a mi casa, decidí decirle que fueramos amigos, porque me parecía que nos engañábamos, no lo tomó muy bien, me dijo que se había ilusionado, pero que a pesar de eso, si este era el final, él necesitaba mi promesa.

– ¿Promesa? – pregunté-

– Sí, por favor, traé una aguja- Me dijo.

Yo no entendía mucho lo que me pedía, pero igual le hice caso, y traje esa aguja.

Él tomó mi dedo índice, el suyo, pinchó a ambos, y después unió los dedos, mezclando la sangre. 

-¿Y esto?, le dije.

– Esto quiere decir que aunque nunca más nos veamos ni volvamos a hablar, siempre vamos a estar juntos, porque somos uno,  porque compartimos la sangre, y eso nunca sale del cuerpo, un día mi sangre va a bombear tu corazón, y así, sabrás cuánto te quiero.

– Yo quedé helada, estupefacta, e impresionada, nunca nadie me había propuesto un ritual tan profundo, ni nadie tampoco me había hecho sentir tan querida. Ya me estaba arrepintiendo de mi decisión, pero a la vez, estaba tomada.

Después de ese “Ritual” Me preguntó: ¿Qué harías vos si yo me muero?
– Obviamente lo miré con los ojos como platos, le dije que por favor no hablara así, que teníamos 17 años, que eramos chicos, que por supuesto me pondría muy triste si el no estuviera más, pero que, por favor, no hablara así.

En ese momento no me dí cuenta de lo que pasaba por su mente, no me dí cuenta de lo mucho que el estaba sufriendo. No pude ver más allá de eso.

Tres semanas después, un día antes de Navidad, En la madrugada del 23, Leo tomó un arma, subió a su cuarto, puso “Ando ganas” De Los piojos en un CD, se fumó un último cigarrillo, y se disparó en la cabeza. Su vida había terminado. Con interrogantes, con dudas, con un millón de porqués. 

Otra persona que amaba, elegía morir.