Agorafobia

Entro por el pasillo, hay algunas personas sentadas, me siento, impaciente, con mareos y dolor de cabeza, a esperar a mi psiquiatra, que tiene que atenderme, se llama Tamara, es rubia, ojos verdes, creo que es alemana como mi familia.

Sé que mi mamá está a mi lado, cuidándome, día y noche, sin parar, su “santa” cruz.

Miro alrededor y cada vez se ve más gente, el murmullo aumenta, mi tensión también, se me duerme una mano, me hago la fuerte, se me duerme la otra, no siento los pies ni las piernas, me mareo todavía, cierro mis ojos, parece un instante, pero no lo es, mientras mi mente vuela vaya a saber uno por dónde, mi cuerpo convulsiva, dos veces, generando susto y preocupación alrededor, pero mi mente no está, sólo anda suspendida por ahí, y sueño.

Sueño que soy una niña pequeña, indefensa, chiquitita, vulnerable. Sola. Siempre está sola, sentada en aquel rincón, esperando. No sé qué espera, simplemente se agarra de su camioncito amarillo. Él la cuida. 

La nena mira hacia el techo, ve una rajadura importante, sigue mirando alrededor y ve otra rajadura en la pared. Empieza a preocuparse otra vez, tiene frío, le duele la espalda, no sabe porqué. Tiene miedo. Mucho miedo. Un miedo más grande que cualquier otra cosa que haya sentido, pincha, corta, hace cosas malas. El miedo es malo, y se mete en mi inconsciente, pero mi mente no lo sabe. Inconsciente me hace creer que se va a caer el techo y me voy a morir, me dice que me abandonaron y que nadie me quiere, me dice que estoy sola en el mundo porque hice todo mal en la vida, me dice cosas y cosas, y yo pido a mi papi, ya sé que me abandonó, pero lo quiero igual, después pido a mi mami, a mi hermana, a quienes me cuidan, o al menos deberían hacerlo.

De pronto, abro los ojos. Mi mente está de vuelta. Mi doctora me preguntga cómo me siento, me toma los brazos, controla mi pulso, revisa mis ojos, me ofrece agua.

-No, estoy bien, gracias.

-¿Qué pasó?

– Nada mami, tuviste otra convulsión, pero ya estás bien, un poco confundida pero enseguida te damos algo y se te pasa.

 

Pienso. No respondo preguntas, no quiero ser ridícula con las respuestas. Le explico que siento miedo, que sé que son absurdos, que yo soy absurda, pero que por favor, me ayude, porque yo no sé ayudarme, ni a mi conciencia, ni a mi inconsciente, ni a todo ese comité de “yos” Que hay viviendo en ella. Quiero que se vayan, ser la mujer fuerte que siempre fui y dejar de pensar que si voy al dentista me van a sacar todos los dientes, que si voy al neurólogo me van a sacar la cabeza, que si voy por la calle sola me van a violar o a seguir.

Paranoia. Sé que es paranoia, sé que es totalmente desquiciado y que eso que tanto tema no puede pasar jamás. Pero esos 5 minutos en los que soy una niña, indefensa, dominada por lo oscuro , no sé dónde escapar. 

 

Son cinco minutos, ya sé, pero para un alma cansada, son cinco vidas.

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