Leonardo

En la mitad de sexto grado, le pedí llorando a mi mamá que me cambiara de colegio. No era la primera vez que lo pedía. No tenía amigos, no me querían, se reían de mí, me sentía sola, discriminada, y hasta los profesores destilaban desprecio y maltrato, quería salir de ahí. Era un colegio de curas, súper exigente, frío, grande, demasiado grande  para mí. Por fin mi mamá me escuchó y me cambió a otro colegio, privado también pero mucho más sencillo, con gente más humilde, con más corazón, y con un aire que al entrar, uno creía que todos tenían corazón, que todos eran buenos, y que era bueno ser así, era bueno encontrarse con personas como uno mismo.

Cuando entré al curso, entré tímidamente pero FELIZ, estaba muy feliz, creo que fue uno de los primeros días felices de mi vida, llegaron tarde, pero llegaron. Una sonriente y amable maestra me esperaba para presentarme al curso, a mis nuevos compañeros. Era un grupo bastante unido, parecía, con muy pocos varones, y muchas mujeres, y rápidamente me senté. Se me acercaron muchas chicas y chicos a hablarme, y yo estaba totalmente sorprendida, me trataban como alguien “normal” , ya no era la chica que no escuchaba, ni la que no tenía papá, ni la que su hermana golpeaba, era una más, empezaba de nuevo, y yo amé esa sensación.

Muy pronto hice amigas, pasaba de un grupo en otro, y me llevaba muy bien con todos, no le hablaba a los varones casi, porque tenía una timidez que no dejaba a ninguno acercarse a mí. Pero era feliz, por primera vez en mi vida me sentía integrada, aceptada, querida, y eso, señores, para alguien como yo, no tenía precio.

Con los años me acostumbré a esa comodidad y deje de tener miedo, de auto-discriminarme, me solté, y respiré tranquila.

Leo era el chico más lindo de aula, me había gustado desde el primer día que lo conocí, el lo sabía, y se reía de eso, pero eramos chicos, ninguno se acercaba. Todas lo querían, era el Benjamín de la escuela. Me acuerdo que en séptimo para su cumple, que era un 26 de noviembre, estuve todo el día tomando sol, para que él me viera linda, y quizás, me robara el primer beso. Pero al llegar la noche, estaba totalmente insolada, volando de fiebre, roja como un tomate… se me fue la mano con el sol!, jajaja. Me sentía pésimo, no podía ni caminar, pero insistí, les dije a todos en casa que estaba bien, y que quería ir, como sea, al cumple de Leo y Silvi, su hermana melliza. A los 15 minutos de llegar al cumple me desmayé, y su mamá, muy amorosa, me recostó en la cama de una de sus hijas, y trató de bajarme la fiebre, mientras llamaban a casa para que me vayan a buscar. Yo lloraba, no de dolor, sino de frustración, porque me habia preparado para ese día, y no podía disfrutarlo. Cuando estaba acostada en esa cama, se acercó Leo, me miró sonriente, me acarició la mejilla, y me dijo “Vas a estar bien”. Ese fue el segundo feliz día de mi vida, con ese gestito mi corazón había explotado de amor, en mi inocencia y pureza, era lo más maravilloso que me podía haber pasado.

Recién en noveno, cuando teníamos 15, se animó y me dijo que yo le gustaba, pero lo rechacé, porque era chica, porque era tonta, por orgullosa, por haberle estado detrás tantos años y que él esperara a último momento, cuando yo dejé de mirarlo con esos ojitos brillantes, él vino a mi. Y yo ya había dado vuelta la hoja.

No lo volví a ver hasta dos años más tarde, de casualidad, cuando fuí a su casa, él se había cambiado de colegio en noveno, pero su hermana seguía cursando conmigo, y nos habíamos hecho muy amigas ese  último año de secundaria. Poco a poco nos vimos más frecuentemente, nos volvimos confidentes, vinieron algunos besos, mimos, y de repente ya venía a mi casa y yo iba a la suya. Me sentía muy cómoda con él, era una persona que sabía demostrar afecto, yo lo admiraba un montón, porque era súper inteligente, y siempre tenía la palabra justa para todo, la facilidad de hacerte sonreír, era muy sensible, y podía comprender a cualquier persona, en la situación en la que se encuentre. A pesar de que estábamos juntos, yo no me olvidaba de un ex, que había sido mi primer novio, y él no se olvidaba de su gran amor, una chica que iba con el a su instituto. Pero supongo que a pesar de eso , juntos nos apoyábamos, nos dabamos fuerza, y nos ayudábamos a olvidar.

Dos meses más tarde, una noche que vino a mi casa, decidí decirle que fueramos amigos, porque me parecía que nos engañábamos, no lo tomó muy bien, me dijo que se había ilusionado, pero que a pesar de eso, si este era el final, él necesitaba mi promesa.

– ¿Promesa? – pregunté-

– Sí, por favor, traé una aguja- Me dijo.

Yo no entendía mucho lo que me pedía, pero igual le hice caso, y traje esa aguja.

Él tomó mi dedo índice, el suyo, pinchó a ambos, y después unió los dedos, mezclando la sangre. 

-¿Y esto?, le dije.

– Esto quiere decir que aunque nunca más nos veamos ni volvamos a hablar, siempre vamos a estar juntos, porque somos uno,  porque compartimos la sangre, y eso nunca sale del cuerpo, un día mi sangre va a bombear tu corazón, y así, sabrás cuánto te quiero.

– Yo quedé helada, estupefacta, e impresionada, nunca nadie me había propuesto un ritual tan profundo, ni nadie tampoco me había hecho sentir tan querida. Ya me estaba arrepintiendo de mi decisión, pero a la vez, estaba tomada.

Después de ese “Ritual” Me preguntó: ¿Qué harías vos si yo me muero?
– Obviamente lo miré con los ojos como platos, le dije que por favor no hablara así, que teníamos 17 años, que eramos chicos, que por supuesto me pondría muy triste si el no estuviera más, pero que, por favor, no hablara así.

En ese momento no me dí cuenta de lo que pasaba por su mente, no me dí cuenta de lo mucho que el estaba sufriendo. No pude ver más allá de eso.

Tres semanas después, un día antes de Navidad, En la madrugada del 23, Leo tomó un arma, subió a su cuarto, puso “Ando ganas” De Los piojos en un CD, se fumó un último cigarrillo, y se disparó en la cabeza. Su vida había terminado. Con interrogantes, con dudas, con un millón de porqués. 

Otra persona que amaba, elegía morir.

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3 pensamientos en “Leonardo

  1. Tremendo… La verdad es que como dijo Gustavo, medio que no se sabe qué decir… Parece que a ciertas personas, en determinadas etapas las persiguen las desgracias. Por que algo así te marca, ¿No?. Al menos, a mi no se me suicidó un novio o amigo especial así pero si mi mejor amiga desde la infancia y la verdad es que es un trago bien amargo que te produce una perplejidad tal que cuesta reponerse y es como que ni sabés si reaccionaste hasta mucho tiempo depués… Lo importante es “ver”. No significa esto lo mismo para todos pero tengo un pensamiento místico que me dice que hay un mensaje en estas cosas que nos pasan. Osea, como que no es casual que a una le toque tan de cerca.

  2. Totalmente, nada es casual, todo sucede por alguna razón. Supongo que lo unico que podemos hacer es aprender de la experiencia, quedarnos con lo bueno, y seguir adelante…
    Lamento mucho lo de tu amiga, creo en las nuevas vidas, en las oportunidades de volver a comenzar, desde algun lugar y en algun punto, la volverás a encontrar.
    Un beso grande,

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