Él

Él amaba cada parte de mi ser,

veneraba mi cuerpo como nadie,

él sabía cómo hacerme sonreír,

y aunque estuviera enojada

siempre sabía el modo

de volverme a sus pies.

Él dominaba cada parte de mi corazón,

se llevaba toda mi bruma y me otorgaba paz,

me bajaba a la tierra cuando volaba de más.

Me abrazaba al llorar, me limpiaba las heridas viejas,

y algunas nuevas también,

y me otorgaba la confianza necesaria

para hacerme mas fuerte.

Él siempre me mostraba el camino,

me guiaba cuando estaba oscura,

era mi mejor amigo, mi confidente,

y el amante perfecto en mis sábanas…

Él sabía generarme misterio,

para que siempre estuviera pendiente de sus pasos,

me dejaba algunas dudas,

para que no pierda el interés…

Y hoy me dejó una pequeña nostalgia,

una risa alborotada cada vez que le recuerdo,

la eterna cuestión del qué hubiera sido,

si yo hubiese permanecido a su lado,

Fue mi ejemplo más grande,

de que para amar…

las palabras no son necesarias.

 

María Eugenia Domé.

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