No lloro

¿Qué puedo decir?

Gracias por tus rosas tan hermosas, incluso con espinas dolorosas, que me hicieron crecer, contra vientos y mareas.

Gracias por que con vos sentí las sensaciones más increíbles del Universo.  Sé que darte todo de mí y más… no fue suficiente… sin embargo, sé que en el corazón del hombre nadie manda, nadie elige. Sé también que no eras para mí. Aunque haya luchado mucho conmigo misma, incansablemente, para no admitirlo. 

No podía comprender porqué no me amabas. O mejor dicho, porqué no me amaste lo suficiente, como para que nuestros caminos sigan unidos.

Es difícil pensar claramente, cuando se tiene el corazón roto.. uno se transforma, se desploma, ve el abismo de lo negro del alma, cuando ese dolor punzante asoma.

Hoy quiero despedirme, no porque no lo haya hecho, si no porque lo hice pero no lo procesé… no te dejé ir de corazón. Pero algo hoy me dijo que puedo decirte adiós. Que comprendo que ambos fuimos como fuimos: Diferentes. Que quizás ví magia donde no la había, que no era real que el mundo se pusiera en cámara lenta cuando sonreías. No, era yo la que atesoraba el momento, el mundo seguía girando igual que siempre, no era culpa de la lluvia que me desterrara cuando no estabas… no era culpa del sol que saliera a buscarte sonriente, era una ilusión en mi mente, una obsesión en mi cuerpo, una maratón en mi metabolismo.

No lloro por que no estés, lloro por que se desmorronó un sueño. Un sueño que contruí, sola, dejándome llevar, entregándome a la nada, regalando mis días, mis dudas, mis fuerzas, mi fe.

Sí, hoy te digo adiós y borro todo lo que algún día escribí para vos y para mí. No borro nuestra historia, borro el dolor, me quedo con todo aquello que me enseñaste, con las risas y los paseos, con las noches de helados, vinos y pasteles de colores. Me quedo con eso, con lo mejor.

Me quedo con tus consejos que me hicieron valiente, con esa mirada que tenías sobre mí, esa forma en que me veías, tan mágica, que hacía que yo realmente creyera que en una princesa rodeada de amor… me había convertido.

No lloro, como dije, por nosotros, no lloro por dolor, no lloro por venganza, no lloro por rabia, no lloro por un ego herido. Lloro por que se desmorronó el hombre de mis sueños.

Hoy te digo adiós y estoy segura, que todo lo que nos dijimos alguna vez fue verdad, ambos dejamos una huella, fuimos importantes el uno para el otro, nos tuvimos en las buenas y en las malas… mientras duró.

Como dije, lloro porque se desmorronó el hombre de mis sueños. Pero no se desmorronó mi sueño. Cuando encuentre al hombre de mis sueños, recién ahí te vas a dar cuenta que no estoy. Recién ahí vas a valorar lo que perdiste. No lo digo orgullosa, lo digo tristemente, porque te conozco, porque sé que un día te cruzaré en alguna calle. Y de lo que fuí para vos… ya no habrá nada.

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