Aprendiendo

Soy un espíritu viejo. He vivido muchos años y he viajado por muchas partes del mundo sin moverme un centímetro.

He logrado crear paz en mi mente y refugio en mi corazón. He logrado amarme y amar a otros. Puedo ser comprensiva y logro perdonar cualquier cosa a cualquier persona, sea el daño que sea, por que soy consciente de que el daño que haces a los demás, en realidad te lo haces a tí mismo.

He aprendido a sufrir en silencio y guardar las lágrimas para cuando estoy sola. He aprendido a sonreír aún en la angustia porque es lo único que la aliviana y la disminuye. He conseguido alterar estados de ánimo desfavorables y transformarlos en una herramienta positiva y de transformación.

He aprendido a disfrutar y apreciar en demasía mis propios tiempos conmigo, he aprendido a abrazarme y valorarme aunque me sienta vencida.

He aprendido de mucha gente y de muchas experiencias. pero lo que más me ha enseñado siempre es el dolor. La gente dice que la vida es sufrimiento, como si ello fuera algo aterrador, sin embargo, lo encuentro como una forma de volverse más fuerte y más sabio. Las personas que nunca han sufrido o padecido no saborean la vida, no la valoran, no absorven conocimiento de ella, es como si pasaran sus días en piloto automático. Sin embargo, encuentro muy difícil – casi imposible- que en el mundo en el que vivimos hoy, alguien, por más bendecido que sea, no haya sufrido, al menos una hora de su vida.

He aprendido que el amor es lo más grande que hay en la vida, aunque la gente quiera llenar el vacío con materialismo, dinero, viaje, ropas de marca, coches, metas profesionales, o lo que sea. Siempre el fin último es sentirse pleno de felicidad. Sin embargo, eso no sucederá hasta que se aprenda a amar, comenzando por amarse a uno mismo, y siguiendo por abrir los ojos, mirar alrededor, observar las cosas vivientes, y amarlas también, no sólo por cómo lucen, aunque es una gran puerta de entrada la mayoría de las veces, si no por lo que son capaces de hacernos sentir, y cuánto nos vemos reflejados en ellos. El amor a otros es como un espejo, los amamos más cuando nos amamos más interiormente.

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