¿Seremos tan diferentes?

Cuando tenía cinco años, mi padre decidió que la mejor manera de acabar con su adicción al alcohol y a la violencia familiar era suicidarse.
No sólo cumplió con el objetivo, sino que lo hizo en la habitación siguiente a la mía.
De esa noche no recuerdo mucho, salvo a la policía, las ambulancias y los vecinos intentando sacarme por la ventana, de manera que no viera nada.
Lógicamente en ese momento de mi vida poco podía entender, era tan sólo una pequeña niña, que todo lo que quería era el amor de la madre y jugar la mayor cantidad posible de juegos.
No parecía haber consecuencias demasiado graves, al menos en esos días. Con los años mi hermana también enfermó y seguía persistiendo la violencia y la depresión. Poco a poco fui queriendo escapar, corría debajo de las camas y me tapaba los oídos para no escuchar, -ni ver-, lo que sucedía.
Hasta que realmente fui dejando de escuchar, realmente tenía problemas de audición, y tuvieron que recorrer hospitales, hacer audiometrías y verificar que con nueve años, esta niña fue declarada “Discapacitada auditiva”. Una Hipoacusia que para muchos era grave, pero para mí significaba gratos momentos de silencio, una buena manera de escapar del dolor y las peleas. Una buena manera de desaparecer cuando las cosas no iban bien. Pensé que había un Dios generoso que entendía lo que yo necesitaba y me otorgaba los deseos, aunque fuera pequeña y pidiera cosas incongruentes.
Fue dolorosa la infancia, ser el centro de las burlas de un instituto escolar, volverme cohibida y de contados, contadísimos amigos, tenerle miedo a toda persona que me mirara “De esa manera extraña”, sintiendo que algo había hecho mal, que no debería ser como era, que estaba mal tener problemas.
Con los años aprendí a respetar los desafíos, aprendí también, a quererme como nadie me ha querido. Aprendí que puedo hacer mil cosas, que no soy tan poco como otros dijeron, que no siempre puedo adaptarme a otros, pero que otros podrían adaptarse a mi.
Honestamente, con una mano en el corazón, me costó mucho aceptarme, aceptar los límites, aprender a abrazarlos y superarlos. Me costó mucho ver que podía ser amiga de la gente, que podía brindar amor, y que podía también, dejarme querer. Aprendí que nada es tan peligroso como el propio miedo, el propio prejuicio, el sentir que uno “No puede”.
Considero que uno puede conseguir todo lo que desea, si realmente se lo propone, considero que nada es tan grave como uno lo ve, la mente tiende a “Agrandar” e “Inflar” Enormemente los problemas. Pero siempre hay una salida, quizás no la veamos, pero la salida está. Y no es la muerte, no es bajar los brazos, no es escapar por los caminos que conducen a más problemas y angustias. Es simplemente tomar valor y abrazar los sueños.
Considero también que uno mismo se conoce lo suficiente y tiene las herramientas necesarias para llegar a donde quiera llegar. Hoy en día (gracias en parte, a la tecnología) puedo escuchar lo suficiente como para entenderme con la gente “Normal”, lo suficiente como para amar, sentir y bailar, lo suficiente como para escuchar la música que amo y las palabras del corazón de la gente. Lo suficiente como para saber que nada, absolutamente nada, es imposible.
Me produce muchísima impotencia el ver el maltrato que reciben ciertas personas, con distintas capacidades diferentes, o diversas razas, o por su preferencia sexual, o por su estatus, o lo que sea. Cada vez que veo ese maltrato recuerdo a la niña que aún vive en mí, que alguna vez fue maltratada, avergonzada y lastimada. No por personas malas, jamás. Sino por personas ignorantes, que desconocían lo que provocaban.
No seamos ignorantes, no critiquemos al otro por ser diferente, de hecho, festejemos esa diferencia, aceptémonos tal como somos, seamos compasivos y amorosos. Seamos amables con nuestros hermanos, compartamos o no ideas o preferencias. Lo que a ti te falta, otro te lo puede proporcionar. Lo que a ti te sobra, otro lo puede necesitar.
Y como creo que lo que me sobra a mí es amor, eso es lo que doy, todos los días, a todos los seres que me cruce. Como lo que me sobra es este don de comunicarme hoy con vos, te pido que abras tu mente y que te despegues de tus prejuicios, que abras tu corazón y me ayudes a que todos, de a poco, creemos un mundo mejor.

María Eugenia Domé

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7 pensamientos en “¿Seremos tan diferentes?

  1. los prejuicios son una lacra dificil de extrerminar, causantes de de diversos tipos de abyecciones, a veces ni siquiera tienen un origen específico pero si, un factor común ;la ignorancia, solo basta ser diferente; el color de piel, una “discapacidad”,o raza(como la mia Mapuche) para ser blanco de ataques de diversa índole, el como lo afrontamos, es lo que hace la diferencia.
    lamento mucho todo lo sucedido en tu infancia y creo entender perfectamente parte de ella, a veces hay personas que producen daño que solo uno puede entender, pero lo importante de todo esto es la fortaleza que todo aquello fue capaz de crear en ti.
    De todo, pero absolutamente de todo uno siempore saca algo, provecho, aprendizaje, amigos y experiencia.
    me quedo con tus palabras :”no critiquemos al otro por ser diferente”
    🙂

  2. Dios te bendiga Maria Eugenia desde la República Dominicana
    abrazos y muchas mas bendiciones

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