Las personas de tu vida

Las personas vuelven y se van de nuestra vida, una y otra vez… las personas nos honran, nos son leales, y también se equivocan y nos fallan, quizás sin querer.
Las personas que nos rodean son parte de nosotros, lo queramos o no. Nos influyen y nos hacen ser las personas que somos, todo lo que sabemos, lo aprendimos de alguien, o bien, alguien nos llevó a vivir una situación de la que fuimos parte y aprendimos en el proceso.
Las personas que nos acompañan son fundamentales en nuestra vida, por lo tanto, es también fundamental que sepamos elegirlas, sobre todo a aquellas por las que sentimos un afecto especial, o una emoción que, a lo mejor, no sabemos cómo explicar, simplemente se siente.
Elegirlas implica distinguir a las que nos hacen bien de las que nos llevan a un camino que no nos agrada, las que no tienen nada que ver con lo que somos, las que nos generan ira, incomodidad o simplemente repulsión.
Las personas que te imponen te quitan libertad, las que no piden nada a cambio te dan la posibilidad de volver a elegirlas, y las elegimos justamente por que sabemos que no nos presionan, y que somos libres de quererlas tal como son.
Cada relación es un mundo, una historia, y no puede ser nunca igual a otra, puede compararse, puede parecerse, pero nunca será la misma, por que cada persona es única, y como tal, se merece una atención y un sentimiento (si lo hay) también único.
Muchos de nosotros nos preocupamos por ponerles títulos, rótulos, nombres, o lo que sea, nos preocupamos por ver quién da más, quién recibe más, quién nos beneficia o nos perjudica. Si solamente nos fijáramos en su alma, en disfrutar simplemente por lo que es, en lograr ver lo puro, lo simple, lo que lo diferencia del resto, seguramente adquiriría un valor mucho más importante, dejaríamos que cada uno sea como es, dejaríamos que todo siga su cauce y nazca lo que tenga que nacer…
Solemos sentir rencor o tristeza cuando un amigo al que queremos mucho no nos llama o se olvida, por ejemplo, de nuestro cumpleaños, y está justamente ahí el error, el esperar del otro, el exigir. Si logramos dejar de esperar del otro, logramos también sorprendernos por los gestos que naturalmente salen de aquella persona. Dejar de pretender es una virtud importante para toda relación, todo lo que llega sin esperarse llena, emociona y fortalece las relaciones.
Por eso siempre pido que no caminen detrás o delante de mí, pido que, si gustan, pueden acompañarme en el camino, a mi lado, sin compromiso, sin juzgar, sin obligar, sin pretender nada. Por que cuando dejo de esperar, llega. Y no hay nada más grande.

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