Qué sería de mí..

Qué sería de mi vida sin mi alegría, qué sería de mi vida sin mi amor por mi misma, por la gente, por el baile, por la vida…

Qué sería de mí sin mis amigos, mi gente, mi país tan sufrido pero fuerte, las calles concurridas y las silenciosas, las palabras que sólo nosotros comprendemos, picardíamente,

Qué sería de mi sin mi mundo mágico de fantasías, en el que creo una burbuja, que me protege del dolor…

Qué sería de mí sin mi familia, sin mi jardín, sin mi luz, sin mi paz…

Qué sería de mí sin la fuerza, que me proveen los malos momentos, de los cuales tanto he aprendido… sin mis fracasos, sin mis tropiezos, delos cuales salí renovada otra vez…

Qué sería de mí sin mi capacidad de ver más allá, de mi arte, de mi pasión por agregar nuevos sabores al camino que elegí vivir…

Qué sería de mí sin mis metas, sin mis sueños, sin mis anhelos que alimentan el sendero, y me empujan a conseguir cada deseo.

Qué sería de mí sin la energía que este universo infinito me provee día a día, Qué sería de mí sin la salud rebosante, sin los minutos de silencio que llenan los huecos de mi ser.

Qué sería de mí sin el aire que respiro, el deseo de estar mejor, de ser más humana, más honesta, más humilde…

Qué sería de mí…. sin mí..

María Eugenia.

Tal vez no consigas…

Tal vez no consigas que aquella persona te mire como quisieras, tal vez no consigas que te quiera, te quiera de veras. Tal vez el silencio, consuma tu ira, tu rencor y tu dolor.

Tal vez no consigas, gritarle a la gente, cuánto la quieres, cuánto la aprecias, cuánto la sueñas de noche y de día. Leer el resto de esta entrada »

Silencio

Vuelan mis sueños, mis momentos,

todas mis risas, mis lamentos,

es mi mundo un mundo de silencios.

A veces me siento y callo,

otras espero y me detengo,

y hasta parece que pudiera detener el tiempo.

No puedo seguir todas sus palabras,

pero puedo ver todas sus emociones,

puedo saber sin escuchar, todo lo que piensan.

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De silencios, palabras y felicidad.

Cada vez noto más cómo la gente calla lo que siente. Y honestamente, no lo entiendo. ¿Qué es lo peor que puede pasar?.

Ok, se puede dar el caso en el que decirle algo a alguien a quien queremos mucho puede llegar a ser una situación bastante incómoda, y para muchos aterradora. Pero si es verdad, si usamos las palabras de la mejor manera, y si dejamos en claro que la intención es ser honestos y JAMÁS dañar a lo otro, no debería de ser un problema.

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Más allá del silencio

Más allá del silencio. Cuando se apaga la luz. Cuando volvemos a estar solos, a conversar con nuestro interior. Cuando no entendemos por qué, cuando no sabemos dónde, cuando la vida nos mira y pareciera que nosotros fuéramos otros, lejos, nos vemos ahí, parados, actuando, armando y desarmando cadenas de emociones y sentimientos.
Más allá del silencio, donde nada llega a tus oídos, donde pareciera que nada puede perturbarte, aunque sin embargo, te acosa la conciencia de tal manera, que te preguntas: ¿Qué es lo que me estoy perdiendo?, ¿Qué es lo que no escucho, cuando llega la noche, cuando nadie me ve?… ¿Cuántas cosas no sé, cuántas cosas están allí, y no las puedo ver?. ¿Cuántas veces me has llamado, y no pude socorrerte, simplemente por que no me enteré, por que no oí tu voz?.
Más allá del silencio, descubrí un don, un don que pocos conocen y nadie sabe decir. El don de ver más allá de los ruidos, de la gente que habla sin parar, y sin embargo, no dice nada. El poder distinguir, cuando alguien te aprecia, y lo hace de veras, de cuando alguien te alaba, y esconde su furia, su envidia, sin saber realmente, que él, es tan único y magnífico como yo.
El don de ver desde lejos, las emociones de los demás, de reconocer genuinamente, quién es quién, a la hora de amar, a la hora de ser, a la hora de sentir. Estoy parada aquí, a sólo cuatro metros de distancia de tu presencia, no te oigo, pero te veo, no te conozco, pero sé mucho de vos, incluso lo que estas pronunciando, sintiendo y esperando de los otros.
Más allá del silencio, descubrí que a lo mejor, la razón de no oírte, es para que aprenda a reconocerte, sin juzgarte por tus palabras, sin admirarte por que podrías mentirme. Sin el eco de las palabras, más allá del silencio, no necesito nada, por que tu mirada, me lo dice todo. Tus manos, me informan demasiado, tu actitud, es sólo un refugio, en el que ocultas lo que no quieres que los demás vean de tí. Ser genuino, transparente, sincero, es un don también. Quizás si tuviera los oídos que los demás tienen… todos estos dones, no los hubiera conocido.
Eso no quita que quiera salir de esta “condición”, aprendí de la experiencia de no escuchar, aprendí a ver más allá. Ahora te escucho, y quiero más. Tengo derecho, por que existo, soy, espero, sueño, lucho y anhelo. Y lo voy a conseguir. Le guste o no… al mundo.