A mí…
A mi… que no me importa el qué dirán de la gente, que no me sale dejar de soñar, que todo me produce emociones diferentes, que no sé dejar de gozar.
A mí, que la salsa me enamora, me agita y me devora, que no concibo la vida sin palmas, sin brillo, sin vueltas… sin más…
A mí, que todo lo que toco necesito sentir, que todo lo que adoro necesito vivir. A mí, que el miedo me paraliza y de vez en cuando vuelvo a intentar, que escapo de vez en cuando al silencio para ubicarme de nuevo en mi lugar. A mí, que trato siempre que puedo, de decirte la verdad.
A mí, Que una sola palabra puede hacerme llorar, que a veces me duele el pensar que te puedo llegar a lastimar.
A mí, que vivo acelerada en un mundo común y sencillo, pero que a veces sin querer lo vuelvo a complicar. Que guardo nostalgias, vivencias, eternos pasados que me hicieron madurar.
A mí, Que tengo en el alma amor para dar. Que tengo cariños difíciles de explicar.
A mí, que la histeria sabe envolverme con la velocidad de una estrella fugaz. A mí, que un beso me calma, me llena y me hace volar.
A mí, no intentes cambiarme, seguiré siendo igual, no me digas qué hacer, de vez en cuando me permito errar. Dejame decir lo que pienso, en cualquier momento y lugar, sé que soy diferente, es lo que me hace especial.
A mí, que me gusta que me sorprendas, que dejes que sea tal como soy, que me gustan las rosas, que me gusta abrazar, que me gusta sentir la lluvia bajo mis pies, y el sol en mi nariz.
A mí, que con cositas sencillas pero fuera de lo normal, me puedes enamorar, que de vez en cuando necesito un poco de paz, de tranquilidad, un poco de confianza para continuar.
A mí, que le temo a los límites, a que me frenes y no me dejes luchar.
A mí, que la vida me ha golpeado pero también me ha mimado, que a todo le doy un valor de más. Que me gusta hablarte de cosas trascendentes, que me gusta ayudar cuando alguien está mal. A mí, que más que nada en la tierra me gusta reír sin parar.
A mí, que Dios me hizo imperfecta, con manías que no sé si quiero cambiar, que de vez en cuando estoy triste, pero siempre intento ir por el camino que me da felicidad.
Aquí estoy, soy un ser más, puedes quererme, puedes odiarme, puedes dejarme pasar… yo sólo soy… un alma más..
Rumbera
Había una vez, empieza como todas las historias,
quizo innovar, y nací, entre la ignorancia y la memoria.
Me cuidaron como un cofre de cristal,
pero olvidaron que tenía alma
y que ella iba a luchar y gritar,
por más que le apagaran la victoria.
Y me dejé llevar por un destino incierto,
y a pesar de todo hoy soy lo que soy,
un orgullo andante, con debilidades y fortalezas,
amiga de la gente, de la rumba y los sentidos,
y con las faltas supe generar rincones para llenar,
no siempre a pulmón, más bien de corazón.
Y en lugar de sentarme a llorar, elegí reír,
en lugar de pelear, elegí dialogar,
no por que me hayan criado así, sino por que comprendí,
que la verdad siempre triunfa, a pesar de las tormentas y las lágrimas.
Y aprendí a soñar y a correr por mis objetivos,
y aprendí a amar, a los golpes quizás,
pero me hizo madurar,
aprendí a ser libre y a dar libertad,
en un mundo donde parece que la oscuridad amenaza continuamente.
Y aprendí a aceptar, a bajar la cabeza ante mis propios errores,
aprendí a soltar, a dejar volar aquello que no me pertenece,
aprendí del silencio obligado,
y me encontré también, un día cualquiera,
con la maravilla de la vida, con mi misión y mi sueño,
con un baile eterno, lleno de son y sentimiento,
una descarga que se lleva todos mis lamentos,
y aprendí a entregarle mi cuerpo a la rumba,
a ser una en medio de una multitud.
Y supe que era yo, y me sentí feliz,
me encontré de nuevo, como si por mucho tiempo hubiese tenido los ojos cerrados
y las puertas trabadas.
Cualquier cosa que suceda, cualquier hecho que me genere un sentir,
expresarlo bailando me lleva a querer más,
es lo sublime de sentirme extasiada,
en medio de la noche, o a la luz del día.
Y por todo esto y muchas cosas más que no podría explicar,
la música, el son, la pasión, son mi vida,
aunque otros no lo entiendan, ésta es mi vida.
Hay camino por recorrer, y lo disfruto día a día.
Baila Conmigo
Tenía 9 años cuando arranque con mi primer encanto por la danza. Tenia dos amigas mellizas (que hasta el dia de hoy son Verdaderas Amigas, dos personas maravillosas, un premio en mi vida): María Laura y María Inés, da la casual casualidad que las tres somos Marías, de ojos claros, y la verdad parecidísimas, pero se descarta el ADN, confiamos en nuestros padres cuando nos dicen que no somos hermanas, je.
Bueno como les decía, a los nueve años empece mi camino por el baile, de la mano de mis amigas, que tenían una hermana mayor que era profesora de Folklore. Formamos, con ellas un grupo bastante grande, amistoso y unido, que se llamaba “Ballet Nehuén”, de Marcela Szurkalo y Fernando Montivero, eran un matrimonio, pero un buen dia se separaron, y cada uno eligió con quién seguir, obviamente, me fui con Marcela, y se formó el “Ballet Araucán”. El baile me encantaba, era bien patriota (lógico, no?), dinámico, y lo que más disfrutaba era cuando se realizaban las peñas, con el infaltable locro, empanadas, choripan, pizzas, choclo, pañuelitos, tortafritas, etc. Todo lo tradicional. Me acuerdo que eramos un grupo muy divertido, muy buenos bailarines (Ey no por que estaba yo, habian muy buenos bailarines, che). Era muy divertido terminar y que la gente se vaya, nosotros quedarnos bailando hasta que se terminara de limpiar, buenisimo!
La danza folclórica tenía varias partes, una individual, donde ensayábamos el estilo masculino y femenino (hombres, mujeres por separado); otra, la práctica con pareja, en grupos, dependiendo de la coreo, y la última, pero la que más me gustaba, el zapateo. No cualquiera zapatea, hay que tener cierta fuerza y rapidez para reflejar lo que sigue, estar derechito, sin mirar el piso y a la vez estar firmemente concentrado y mirando al público. Me encantaba!
Baile con el grupo hasta los 14 años maaas o menos, con idas y venidas, algunos meses de ausencia, pero bailaba al fin.
Cuando dejé, era por que me había atropellado mi adolescencia, me atrapó la “Mattineé”, había una disco en San Martín, llamada Soul Train, creo que toda persona de entre 14 y 34 años que viva cerca pasó por este lugar, y , ojito, ojete, es adictivo!. Boludísimo pero adictivo.
En fin, en ese momento me envolvieron los BSB (Backstreet Boys), que eran lindos perobastante bananas, y.. bueno, no se sabe qué fue exactamente lo que les vi, pero me fascinaban.
Bailaba dance en “La Disco” sábado a sábado, era una época en que las mujeres nos respetábamos un poquito, que la timidez a los 15 o 16 era “Normal”. En fin, era de esas chicas sociables, pero que no te dejan pasar UNA. Jajaa.
La alegría frenética me duró hasta los 17, claro que después recorri las noches, distintos lugares con distinta música, y me quedaba en el clásico San Martín, por mis amigos, por que la gente iba a BAILAR, no de levante y ya. Bah eso creo yo…
A los 17, me enamoré, me puse de novia, y me puse idiota. Si, si, lamento desilusionarlos pero me puse idiota. Dejé de bailar por que a el no le gustaba, y el dejó mil cosas por que yo no lo dejaba, estabamos las 24 hs del dia juntos, en fin, una relación bastante. .. posesiva. cosas de pendejos, vio?
A los 21, ya habia quedado atrás ese y otros más. La vida me llevó a Showcenter, una especie de shopping con juegos (no termino de clasificarlo), un centro de entretenimientos vendría a ser, que ahora se llama Norcenter. Había (hay) en uno de esos pisos un espacio que tiene pool, bowling y pista de baile. Entre tentadas con mis amigas (las melli otra vez) para ver qué era “eso que pasaban”, cuando traspasamos la puerta y vemos a toda esa gente bailando salsa desaforadamente, no pude contenerme, me paseé por todo el salón viendo el baile, tan entretenida, que pasaron de ser las 11 de la noche a las 3 de la mañana en un minuto mas o menos, para mí. Mis amigas me hablaban y yo me quedaba callada mirando, “Es hermoso” les decía.
“Swing” escuché por detrás mío, alguien me estaba hablando. Cómo?, pregunte.
-Swing, vuelve a repetirme. Me toma de los brazos y me marca un par de pasos, me pega un giro doble EN EL AIRE, y consigo manejarlo, sin haber bailado antes. Estaba totalmente hipnotizada, sentía la música, cada paso, cada sonido penetrarse dentro de mí. No sé cómo, fue inexplicable.
Seguí hablando con este chico… y resultó ser Alejandro Baigorria, de profesión bailarin, profesor y coreógrafo de danzas caribeñas, de los mejores que hay en Argentina en este momento. Nos pusimos a hablar y realmente mirándolo desde lejos ahora digo, como artista, diez, pero la persona, hummmm…..
Lo primero que me dijo fue: Los negros tenemos Swing, los blancos tienen pecas.
Por dios! Cómo lo odieeee. Pero me dije a mi misma: Maugiii no pasa ná, vos te preparás y al tipo lo dejás con el culo en el piso como corresponnnnde.
En fin, seguí en contacto con Ale, hablabamos, y algo aprendí de él, pero sus intenciones eran “c – amatorias” jajaja. En fin, no viene al caso ese tema. Lo interesante, es que me “sirvió” (de alguna manera) para conocer el medio en el que se mueven esos bailarines, las salseras y demás, conocí mucha gente, algunos de Perú, como él, otros de México, Colombia, Panamá, Venezuela, Puerto Rico…
Unos meses despues probé con la salsera “Azúcar” De Abasto, ahí ya era un estilo más marcado, clase, y otra gente, también extranjera, de la que aprendí muchísimo, todos los fines de semana me iba sola hasta capital, que queda a una hora y media de mi casa, sola, no me importaba nada. El caribe y la gente me habían enamorado completamente.
Otros tantos meses después probé con “Azúcar” de Belgrano (Y si, hay que recorrerse tooodoooo) y ahiiiiiii siiiiii, encontré mi lugar, mucho Cuba, profesores excepcionales (Coqui, Gregorio Rangel, Yurguen Oviedo), gente de todos lados del mundo, impesionante, mucha gente de color, que llevan en la sangre la danza, el ritmo, la pasión. Me hice amiga de algunos cubanos (era boluuda la piba) y lamentablemente, noté que antes de bailar te preguntan mucho si sos racista, grata imagen la que damos.
En fin, son un grupo agradable, tienen una forma de hablar muy encandilante jaja.. Son “mi gente”. Los extranjeros me trajeron la mejor tradición del caribe: La Salsa, el merengue, la timba, el mambo, la bachata (POR DIOS!), y estoy agradecida de haberlos conocido, y de haber sentido la adrenalina y la felicidad que me produce mi mejor amor: El Baile.
Aunque lo tenga un poquito abandonado ahora, por mis trabajos, en cuanto pueda vuelvo a la rumba!
Y vos ? Cuál es tu pasión?