Ella se deslizó
A su barco subió
Sin preguntar
Cómo
Por qué
Cuándo
Ni donde.
No le importó
Después de todo
Estaba en sus brazos.
Y se ilusionó,
Cual cenicienta
Solita se tejió la historia
Que no iba a ocurrir
Sin embargo, lo admirable,
Es que en su inocencia aun soñaba
Indefensa, iba por la vida
Llena de rosas y alegrías
Era el vals de su vida.
Y una noche descubrió
Que el mar es salado,
Que tiene su hermosura
Pero que a veces,
Queriendo o sin querer
Se puede ahogar en él.
Y se dejó llevar por las cosas
Luchó hasta que le dio la sangre
Hasta que las penas se volvieron
Apenas y a penas, insoportables.
Y se dijo que ella merecía
Vivir su cuento cenicienta.
Y cambió de príncipe
Y volvió, ilusa,
A creer y a confiar,
Esperanzada,
Desesperada, quizás.
Ella sólo quería vivir su cuento.
Hacerlo propio,
Más real que el viento.
Y transcurrieron así,
Docenas de príncipes encantados.
Que terminaron por ser desencantados.
Y descubrió un día entre ellos
El amor verdadero,
Ese que te llega y te domina
Que te llena de sonrisas algunos domingos
Y que te apena cuando se despide
Que te muestra con toda intensidad los sentimientos,
Y te deja un poco perdida, un poco loca,
Un poco mareada, un poco llena de preguntas.
Y descubrió, la dulce Cenicienta,
Que el más puro príncipe también,
Tenía sus oscuros defectos.
Y los aceptó y hasta aprendió
A reírse de ellos.
Y llegaron a viejos, y se volvió importante
Disfrutar de cada pequeño instante,
Recordar las épocas que se fueron,
Y que no volverán, relampagueantes…
Y se tomaron de la mano,
Y emprendieron un dulce regreso,
Y comprendieron que tan solo el recuerdo
De un puro primer beso
Puede hacerte volver el tiempo,
Y descubrieron que las palabras con los años
Son las mejores compañeras de viajes de antaño
Se miraron a los ojos y agradecieron
Haberse encontrado en un mundo tan loco
De Haber sido cursis se perdonaron,
Y de Haberse amado con locura, se jactaron.
Juntos fueron a recostarse en la vieja cama
Donde descubrieron juntos cómo se ama.
Y cerraron sus ojos al destino,
Y se fueron, como se van las estaciones,
Y como las estaciones, juraron volverse,
En otra vida, reconocerse
En la mirada, en el rincón.
Valió la pena, valió la vida.
Y hasta los sacrificios dejaron de ser sacrificios.
Por que se amaban, se amaban de veras.
Y cuando eso sucede, no existe dolor.
Todo se hace con un profundo amor.
Yo soy una simple mensajera
Y cuento una historia cualquiera,
Pa` que aprendan, compañeras,
Que si quieren, pueden,
Que no está al borde la frontera,
Es el miedo lo que hace barrera,
El amor no conoce de guerreras.
Conoce de almas sinceras,
De rumbas y rumberas,
De carros y carreteteras.